Un atlas de las interacciones fármaco-nutriente a escala de una farmacopea nacional: protocolo de clasificación de 664 moléculas en tres desenlaces de suplementación
Describimos la construcción de una base de referencia sistemática que vincula cada medicamento de larga duración del repertorio francés con una conclusión documentada sobre la suplementación. Sobre 664 moléculas derivadas de 8.193 denominaciones, el 86,4 % conduce a la conclusión de que no hay nada que añadir: la escasez de desenlaces positivos es el principal resultado del ejercicio.
Resumen
Contexto. La depleción nutricional asociada a los tratamientos de larga duración está descrita en revisiones de referencia, pero sigue estando poco codificada en la práctica clínica y no es objeto de ninguna base de referencia sistemática accesible al público. Objetivo. Construir y publicar un atlas que vincule cada medicamento comercializado en Francia con una conclusión explícita sobre la conveniencia de una suplementación, según criterios reproducibles y verificables. Método. Las 8.193 denominaciones del repertorio de la ANSM se normalizaron y luego se redujeron a 664 moléculas identificadas por su denominación común internacional. Para cada una, la literatura (PubMed y PubMed Central, revisiones sistemáticas, posiciones de autoridades: FDA, NIH ODS, EFSA) se examinó según una cascada de criterios: plausibilidad mecanística, depleción medida en humanos bajo tratamiento, magnitud y relación con la dosis o la duración, relevancia clínica, calidad de la evidencia, existencia de una forma y una dosis correctoras documentadas. Cada molécula recibió un desenlace único: referencia interna, opción de terceros (principio activo y forma indicados, sin vínculo comercial) o nada que añadir. Resultados. Sobre 664 moléculas, 31 (4,7 %) corresponden a una referencia interna, 59 (8,9 %) a una opción de terceros y 574 (86,4 %) no requieren ninguna suplementación. Alcance. La conclusión negativa domina muy ampliamente; la frontera entre los dos desenlaces positivos es comercial y no probatoria, lo que el artículo expone y somete a discusión.
Introducción
El uso prolongado de un medicamento puede acompañarse de un descenso progresivo del estado de una o varias vitaminas, minerales u oligoelementos. Esta depleción nutricional asociada a los medicamentos, a menudo subclínica antes de volverse medible, fue difundida por la síntesis de Samaras et al., subtitulada explícitamente «a story rarely told» 1, y luego actualizada clase terapéutica por clase terapéutica por Mohn et al. 2. Se describen tres vías principales: una absorción reducida (los inhibidores de la bomba de protones y la liberación de la vitamina B12, el hierro o el calcio de los alimentos), un metabolismo perturbado (los inductores enzimáticos y la vitamina D, las estatinas y la síntesis endógena de la coenzima Q10 por inhibición de la vía del mevalonato) y una excreción aumentada (los diuréticos y el magnesio, el potasio, la tiamina o el zinc) 2.
A diferencia de las interacciones fármaco-fármaco, estas interacciones fármaco-nutriente no están integradas en la rutina clínica y siguen evaluándose rara vez en la práctica corriente 2,3. Péter et al. subrayan su relevancia de salud pública, en particular en las personas mayores y polimedicadas 3. Algunas señales son, no obstante, recogidas por las autoridades: la ficha profesional del NIH Office of Dietary Supplements indica que la metformina puede reducir la absorción de la vitamina B12 4, y en 2011 la FDA publicó una comunicación de seguridad que asocia el uso prolongado de los inhibidores de la bomba de protones con casos de hipomagnesemia 5.
No existe, sin embargo, que sepamos, ninguna base de referencia sistemática y accesible al público que parta de la farmacopea tal como se prescribe realmente y atribuya a cada medicamento una conclusión explícita, incluida una negativa. Las revisiones existentes proceden por clases seleccionadas y dejan al lector sin respuesta para la gran mayoría de los tratamientos; a la inversa, la literatura comercial del complemento alimenticio tiende a generalizar señales puntuales mucho más allá de lo que los datos autorizan. El objetivo del presente trabajo es describir la construcción de una base de referencia de este tipo, el atlas Layer Nutrition: cobertura exhaustiva de un repertorio nacional, protocolo de clasificación explícito en tres desenlaces mutuamente excluyentes, publicación de la distribución obtenida y de sus zonas grises, con el fin de exponer el método a la crítica.
Una depleción solo justifica un aporte cuando se mide en humanos bajo tratamiento, es clínicamente relevante y es reversible mediante una forma y una dosis definidas; en su defecto, la conclusión adoptada es: nada que añadir.
Material y métodos
Base de partida. El punto de entrada es el repertorio público de las especialidades farmacéuticas de la ANSM, es decir, 8.193 denominaciones comerciales y genéricas. Estas denominaciones se normalizaron mediante la deduplicación de las dosis, las formas galénicas y las asociaciones, y luego se redujeron a 664 moléculas identificadas por su denominación común internacional (DCI). Cada entrada del archivo de clasificación lleva la DCI, la clase farmacológica, el uso, la familia, el desenlace atribuido y, en su caso, la referencia interna afectada o la lista de los principios activos de orientación. El alcance cubre los tratamientos de larga duración y los tratamientos cortos de prescripción repetida, ya que la cuestión de la depleción se plantea esencialmente en exposiciones de varios meses 1,2.
Estrategia de búsqueda documental. Para cada molécula o grupo homogéneo de moléculas, la búsqueda combinó tres niveles. El primero está constituido por las revisiones transversales de referencia sobre las interacciones fármaco-nutriente 1,2,3, utilizadas como cartografía inicial de los pares fármaco-nutriente candidatos. El segundo reúne las revisiones sistemáticas y los metaanálisis propios de cada clase cuando existen, por ejemplo sobre los inhibidores de la bomba de protones en las personas mayores 6. El tercero reúne los documentos de las autoridades sanitarias: comunicaciones de seguridad de la FDA 5, fichas profesionales del NIH ODS 4, guías metodológicas de la EFSA 7. Las búsquedas se realizaron en PubMed y PubMed Central a partir de la DCI cruzada con los nutrientes candidatos identificados en el nivel mecanístico. Solo se conservaron fuentes publicadas y verificables (identificadores PMID o DOI, páginas oficiales de autoridades); no se admitió en el archivo ningún dato sin fuente.
Criterios de inclusión de las pruebas. Los estudios conservados debían referirse a humanos bajo tratamiento; los datos animales o in vitro solo sirvieron para establecer la plausibilidad mecanística. La ponderación siguió la jerarquía clásica de los diseños de estudio, metaanálisis y ensayos aleatorizados en la cima, luego estudios de cohorte, luego series y casos clínicos 8, teniendo en cuenta a la vez las limitaciones propias de la investigación nutricional, en la que el ensayo aleatorizado tropieza con la ausencia de un placebo alimentario estricto, un enmascaramiento imperfecto y una adherencia variable, lo que conserva a los estudios de observación un valor complementario 8,9. El estado nutricional se apreció distinguiendo marcadores de exposición, de estado, de función y de efecto, según el marco del programa BOND 10, y referido a las ingestas de referencia (EAR, RDA, AI, UL) definidas por el Food and Nutrition Board y difundidas por el NIH ODS 11. Por último, el registro de las conclusiones se acotó según los estándares de fundamentación de las alegaciones: exigencias de la EFSA sobre la caracterización del constituyente y la demostración de un efecto fisiológico medible en humanos en la población diana 7, y la gradación de las alegaciones definida por la FDA, desde el Significant Scientific Agreement hasta las alegaciones de estructura o función 12.
Protocolo de clasificación. Cada molécula se evaluó según una cascada de cinco criterios, aplicados en orden y documentados: (i) plausibilidad mecanística, una vía identificada (absorción, metabolismo, excreción) que vincula el medicamento con un nutriente preciso; (ii) depleción medida en humanos bajo tratamiento, al menos un estudio que mida un descenso de un marcador de estado en personas expuestas, sin que baste una deducción puramente mecanística; (iii) magnitud y relevancia clínica, apreciadas por la amplitud del descenso, su relación con la dosis o la duración, la existencia de una repercusión funcional o de poblaciones de riesgo identificadas, idealmente objetivadas mediante un marcador funcional; (iv) calidad de la evidencia, posición de los estudios disponibles en la jerarquía de los diseños de estudio y convergencia de sus resultados; (v) corrección documentada, existencia de una forma y de una dosis de aporte cuyo efecto corrector sobre el marcador está descrito.
La regla de asignación es conservadora. El desenlace por defecto es «nada que añadir»: se adopta en cuanto el criterio (ii) no se satisface, o cuando la magnitud y la relevancia clínica (iii) no están documentadas de manera convergente. Cuando la cadena (i) a (v) es suficientemente completa, la molécula recibe un desenlace positivo, que designa siempre un principio activo monocompuesto y su forma, nunca un complejo. La bifurcación entre los dos desenlaces positivos no depende de la prueba: una molécula se clasifica como «nuestra referencia» si su clase corresponde a una de las cinco formulaciones del catálogo (hipolipemiantes, metformina, inhibidores de la bomba de protones, anticoncepción oral, betabloqueantes), y como «opción de terceros» en caso contrario, indicando entonces el atlas el principio activo y la forma que hay que considerar, sin vínculo ni vendedor. Este carácter comercial de la última bifurcación se asume y se discute más abajo. La formulación de las conclusiones sigue siendo estrictamente asociativa: el atlas informa de que ciertos estudios miden o asocian un descenso de un marcador con un tratamiento, y nunca afirma que un medicamento provoque una carencia. A continuación se llevó a cabo una revisión de auditoría interna sobre el conjunto de las clasificaciones; sus observaciones, incluidas las desfavorables, alimentan las secciones Discusión y Limitaciones.
Resultados
Las 664 moléculas se reparten como sigue: 574 (86,4 %) en «nada que añadir», 59 (8,9 %) en «opción de terceros» y 31 (4,7 %) en «nuestra referencia». El primer resultado es, por tanto, la dominación masiva de la conclusión negativa: para casi nueve moléculas de cada diez, la literatura no reúne la cadena de pruebas que justificaría un aporte. Esta parsimonia no es una elección editorial, sino la consecuencia directa del protocolo, siendo el desenlace negativo el desenlace por defecto de la cascada.
Las 31 moléculas del desenlace «nuestra referencia» se distribuyen en cinco clases: diez betabloqueantes, nueve moléculas de la anticoncepción oral (el etinilestradiol y ocho progestágenos), seis hipolipemiantes (cinco estatinas y el fenofibrato), cinco inhibidores de la bomba de protones y la metformina. Las señales que sostienen estas clases son de solidez desigual. La más robusta concierne a la metformina: una revisión sistemática que incluye ensayos aleatorizados mide un descenso significativo de la concentración sérica de vitamina B12 bajo tratamiento prolongado 13, la prevalencia notificada del déficit varía, según los estudios, del orden del 6 al 50 % con un riesgo creciente según la dosis y la duración 14, y la ficha profesional del NIH ODS recoge esta interacción 4. En cuanto a los inhibidores de la bomba de protones, la comunicación de seguridad de la FDA documenta la señal de hipomagnesemia bajo uso prolongado 5, mientras que una revisión sistemática reciente en personas mayores mide sobre todo un descenso de la vitamina B12, y sus resultados sobre el magnesio siguen siendo inconstantes 6. En cuanto a las estatinas, ciertos estudios miden un descenso de la coenzima Q10 circulante, pero los datos intramusculares y el interés de una suplementación siguen siendo inconstantes 15. En cuanto a los anticonceptivos orales, la literatura asocia su uso con un estado más bajo de vitamina B6, siendo el efecto sobre los folatos y la vitamina B12 más discutido a las dosis actuales 16.
Las 59 moléculas del desenlace «opción de terceros» forman cuatro grandes conjuntos. El más numeroso reúne 42 antibióticos y antituberculosos orientados hacia los probióticos. Ocho moléculas del campo óseo (bifosfonatos, denosumab, raloxifeno, teriparatida, corticoides orales) se orientan hacia el calcio y la vitamina D, en coherencia con la recomendación del American College of Rheumatology para los corticoides sistémicos 17. Cinco diuréticos (tiazídicos y furosemida) se orientan hacia el magnesio y el potasio. Quedan casos singulares con prueba fuerte: el metotrexato hacia los folatos, la isoniazida hacia la vitamina B6, y dos antiepilépticos inductores enzimáticos (carbamazepina, fenobarbital) hacia la vitamina D.
El desenlace «nada que añadir» reúne 574 moléculas. Abarca a la vez casos en los que la plausibilidad mecanística falta y casos en los que existe una hipótesis sin medición humana convergente. El protocolo produjo en él distinciones internas coherentes, que constituyen otros tantos controles cualitativos: los antiepilépticos no inductores (levetiracetam, lamotrigina, gabapentina, pregabalina, lacosamida, topiramato, zonisamida) se mantienen en él mientras que los inductores enzimáticos se orientan hacia la vitamina D; los corticoides inhalados, nasales y tópicos se mantienen en él por una exposición sistémica baja, mientras que sus homólogos orales corresponden a una opción de terceros; el estradiol de la menopausia se mantiene en él mientras que el etinilestradiol anticonceptivo, más dosificado, corresponde a un desenlace positivo.
Discusión
La distribución obtenida es ante todo un resultado de método: aplicada con criterios exigentes, la cuestión de si hay que añadir algo recibe una respuesta negativa en el 86,4 % de los casos. Esta cifra es coherente con el estado de la literatura, en la que las revisiones de referencia subrayan el predominio de estudios observacionales de pequeño tamaño, la heterogeneidad de los biomarcadores y la ausencia de ensayos de intervención de calidad para la mayoría de las asociaciones descritas 1,2. Coincide también con la severidad de los estándares de fundamentación: la demostración exigida por la EFSA para una alegación de salud solo la alcanza una minoría de expedientes 7, y las alegaciones autorizadas por la FDA bajo el estándar del Significant Scientific Agreement siguen siendo raras 12. Una base de referencia que recomendara un aporte para la mayoría de los medicamentos sería, a la inversa, una señal de alerta metodológica.
El examen crítico de la frontera entre «nuestra referencia» y «opción de terceros» constituye, a nuestro juicio, el aporte más útil del ejercicio. Esta frontera es comercial, no probatoria, y sería engañoso presentarla de otro modo: varias opciones de terceros se apoyan en pruebas al menos tan sólidas como las de las referencias internas. La coprescripción de folatos con el metotrexato y de vitamina B6 con la isoniazida corresponde al estándar de atención; el aporte de calcio y vitamina D que acompaña a los bifosfonatos y al denosumab es una exigencia de seguridad; la recomendación del ACR sobre los corticoides sistémicos es explícita 17. A la inversa, la clase más frágil de las referencias internas es la de los betabloqueantes: la señal histórica de un descenso de la coenzima Q10 concierne sobre todo al propranolol no selectivo, y las revisiones consagradas a la coenzima Q10 en la patología cardiovascular, centradas en la insuficiencia cardíaca y las estatinas, no hacen aparecer en ella ninguna depleción establecida bajo betabloqueantes cardioselectivos 15,18. Sobre la sola prueba de depleción, esta clase probablemente no franquearía el umbral de un desenlace positivo; su clasificación traduce la existencia de una formulación en el catálogo, lo que la presente publicación documenta en lugar de disimularlo.
El mayor contingente del desenlace «opción de terceros», 42 antiinfecciosos orientados hacia los probióticos, procede de un deslizamiento de modelo que hay que nombrar: no se trata de una depleción nutricional en el sentido de las secciones anteriores, sino de un apoyo de la microbiota. La prueba es en él de magnitud moderada, documentada para la prevención de la diarrea asociada a los antibióticos, sobre todo en el niño y en curas sistémicas 19, y condicional al riesgo de base para la prevención de la diarrea por Clostridioides difficile, con reservas de seguridad en los sujetos frágiles o inmunodeprimidos 20. La extensión de esta orientación a una exposición en dosis única, como la fosfomicina en la cistitis, o a antiinfecciosos hospitalarios administrados por vía intravenosa, es contextualmente discutible; el caso límite es la vancomicina oral, que trata precisamente la colitis por C. difficile y para la que una orientación «además» presta a confusión.
Limitaciones
La auditoría interna de las clasificaciones, completada por una revisión adversarial, identificó incoherencias y casos discutibles, que referimos en lugar de suavizarlos. El más nítido concierne a la dexametasona: glucocorticoide sistémico del mismo registro que la prednisona y la prednisolona, está clasificada como «nada que añadir» mientras que estas últimas corresponden a una orientación hacia el calcio y la vitamina D; la recomendación del ACR, que abarca el conjunto de los glucocorticoides sistémicos, dexametasona incluida, aboga por una alineación 17. Cinco candidaturas a una opción de terceros siguen en discusión. La levodopa, cuya exposición prolongada se asocia, en trabajos comparativos, con un descenso de las vitaminas B y con neuropatías periféricas 21. El valproato, para el que se describe una depleción secundaria de carnitina, con una prueba de eficacia de la suplementación juzgada dispar fuera de poblaciones de riesgo 22. El captopril, cuyo grupo tiol se asocia con una excreción urinaria aumentada de zinc no hallada con el enalapril, señal débil y no generalizable a los otros inhibidores de la enzima de conversión 23. Por último, los inhibidores de la calcineurina, tacrolimus y ciclosporina, cuyo uso se asocia en humanos con una pérdida renal de magnesio y una hipomagnesemia frecuente, reversibles mediante un aporte de magnesio 24 : la cadena del mecanismo a la corrección documentada es en ellos completa, y su mantenimiento en «nada que añadir» ilustra que las depleciones adoptadas por el atlas se inclinan hacia las clases donde existe una oferta, puesto que se trata precisamente de opciones de terceros sin producto en el catálogo. En sentido inverso, la orientación probiótica de la fosfomicina en dosis única, como la de la vancomicina cuya forma oral trata precisamente la colitis por Clostridioides difficile, parece exceder o contradecir lo que la prueba autoriza 19,20.
Otras limitaciones tienen que ver con el alcance y el método. La regla de un desenlace único por molécula aplasta los pares fármaco-nutriente secundarios: orientado hacia los probióticos por su efecto sobre la microbiota, el cotrimoxazol ve así pasar a segundo plano el carácter antifólico del trimetoprim, y los diuréticos su segundo nutriente candidato. En el mismo sentido, el campo de los principios activos de orientación ganaría con ser afinado sin cambio de desenlace: la furosemida podría mencionar la tiamina, cuya pérdida urinaria bajo diuréticos del asa está descrita en las revisiones de referencia 2, y los tiazídicos el zinc. El alcance, ajustado al repertorio normalizado de la ANSM, deja además fuera del atlas moléculas con depleción documentada pero poco o ya no prescritas en Francia, como la colestiramina y las vitaminas liposolubles, la fenitoína, la sulfasalazina, el orlistat o los antihistamínicos H2 1,2 : no se trata de errores de clasificación, sino de una cobertura acotada por la elección del repertorio fuente; como la mayoría de estas moléculas corresponderían a una opción de terceros sin producto en el catálogo, su ausencia tiende a inflar la parte de «nada que añadir», y la cifra del 86,4 % debe leerse a la luz de este alcance. La clasificación fue realizada además por un único operador a partir de fuentes publicadas, sin comité de revisión externo hasta la fecha; no reivindicamos ninguna validación profesional que no haya tenido lugar. Por último, la materia prima es mayoritariamente observacional, con biomarcadores, posologías y duraciones heterogéneos, y las limitaciones propias del ensayo aleatorizado en nutrición 9 hacen que ciertas conclusiones sean sensibles al marco de interpretación adoptado; los desenlaces deben, por tanto, leerse como juicios fechados, revisables a medida que la literatura evoluciona.
Conclusión y perspectivas
El atlas muestra que una base de referencia exhaustiva de las interacciones fármaco-nutriente, acotada por criterios explícitos, conduce masivamente a una conclusión negativa, y que esta parsimonia es el precio del rigor. El método es reproducible: la base de partida es pública, los criterios de la cascada están enunciados, las fuentes son identificables por sus PMID, DOI o páginas oficiales, y el archivo de clasificación está estructurado para ser auditado línea por línea.
Las perspectivas son de tres órdenes. En primer lugar, la actualización periódica, al ritmo de las revisiones del repertorio de la ANSM y de la publicación de revisiones sistemáticas por clase, cuyo ejemplo reciente de los inhibidores de la bomba de protones en las personas mayores 6 ilustra el aporte. En segundo lugar, la resolución de los casos discutibles enumerados en Limitaciones, empezando por la alineación de los corticoides sistémicos y por la clarificación del estatus de las orientaciones probióticas, que corresponden a un modelo distinto del de la depleción nutricional. Por último, la apertura de la clasificación a la crítica externa: investigadores, farmacéuticos y clínicos están invitados a impugnar un desenlace aportando fuentes verificables, valiendo la carga de la prueba en ambos sentidos. La distinción entre lo que la literatura mide y lo que un catálogo vende, explicitada aquí hasta en la definición de los desenlaces, nos parece la condición para que un objeto construido por una marca pueda ser leído, citado y discutido como un objeto de método.
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