La claritromicina no conviene cuando la sangre carece de potasio o de magnesio, porque este déficit favorece los trastornos del ritmo cardíaco. Mantener ambos minerales en un buen nivel contribuye a la seguridad cardíaca del tratamiento, y la alimentación sigue siendo la forma más sencilla de cuidarlos comida tras comida.
El potasio se concentra en las verduras y las frutas: patata, boniato, espinaca, lentejas, alubias, aguacate, orejón de albaricoque y plátano. El magnesio proviene sobre todo de las verduras de hoja verde, los frutos secos, las pipas de calabaza, los cereales integrales y el chocolate negro.
Varios de estos alimentos aportan ambos minerales a la vez, como la espinaca, las lentejas, las judías y las pipas de calabaza. Repartirlos entre las comidas del día cubre una buena parte de las necesidades, además de su tratamiento.