Un antibiótico de amplio espectro como la cefotaxima puede destruir una parte de las bacterias intestinales que fabrican la vitamina K, lo que reduce el estatus de vitamina K, sobre todo durante un tratamiento de varias semanas o cuando el apetito disminuye. Las posibles diarreas y vómitos aumentan además las pérdidas de líquidos y pueden provocar una pérdida de potasio. La alimentación es la palanca más sencilla para reponer estos dos aportes.
La vitamina K se concentra en las verduras de hoja verde: col rizada, espinacas, berza y brócoli. El natto y los aceites vegetales también la aportan, y se encuentra en pequeñas cantidades en la carne, el queso y los huevos. Unas cuantas raciones de verdura al día bastan para cubrir buena parte de las necesidades.
El potasio viene de las patatas, las calabazas, los plátanos y otras frutas, las espinacas, las judías y las lentejas, el aguacate, el salmón y el yogur. Algunos alimentos juegan en ambos frentes, como las espinacas, ricas a la vez en vitamina K y en potasio. Integrarlos en las comidas sostiene estos aportes, además de su tratamiento.