Con amikacina, el riñón deja escapar más magnesio por la orina. Este déficit arrastra tras de sí al calcio y al potasio, porque estos tres minerales están ligados entre sí. La alimentación sigue siendo la manera más sencilla de reconstituir estas reservas, además del tratamiento.
El magnesio se concentra en las verduras de hoja verde, en los frutos de cáscara como las almendras y las nueces, en las pipas de calabaza, en los cereales integrales y en el chocolate negro. El potasio, por su parte, abunda en la patata, el boniato, la espinaca, las legumbres, el aguacate, el orejón de albaricoque y el plátano.
Varios de estos alimentos reúnen ambos minerales: las espinacas, las lentejas, las judías y las pipas de calabaza aportan a la vez magnesio y potasio. Para el calcio, el yogur natural y el queso completan el conjunto. Integrarlos en las comidas cubre buena parte de las necesidades diarias.