El meropenem puede hacer bajar el potasio de la sangre y, como todo antibiótico de amplio espectro, modifica la flora intestinal que participa en la fabricación de la vitamina K. La alimentación ayuda a sostener estos dos aportes, además de su tratamiento.
El potasio hace funcionar los nervios, permite que los músculos se contraigan, mantiene un ritmo cardíaco regular y transporta los nutrientes hacia las células. Se encuentra en las verduras de hoja como la espinaca, en las hortalizas de raíz como la zanahoria y la patata, y en los cítricos como la naranja. Repartir estos alimentos a lo largo del día cubre buena parte de las necesidades.
La vitamina K procede sobre todo de las verduras de hoja verde, col rizada, espinaca y acelga, así como de las crucíferas, brócoli, coles de Bruselas y coliflor. Una parte también la producen las bacterias del tubo digestivo, aquellas que el antibiótico altera. Poner estas verduras en el plato con regularidad mantiene los dos aportes a la vez.