Existe una segunda forma, la fosfomicina disódica, administrada por vía intravenosa en el hospital para infecciones más graves. Tiene una limitación propia: una carga sódica elevada, con 330 mg de sodio por gramo de fosfomicina, es decir, 1 980 mg de sodio por vial. Este sodio puede hacer subir el sodio sanguíneo y, en paralelo, bajar el potasio, el calcio y el fósforo. Se recomienda una dieta baja en sodio durante este tratamiento.
El seguimiento analítico encuadra esta forma intravenosa. En un ensayo, las anomalías observadas fueron una hipopotasemia, potasio por debajo de 3,0 mEq/L, en el 9,9 % de los pacientes, una hipernatremia en el 3,4 %, una hipocalcemia en el 3,9 % y una hipofosfatemia en el 2,1 %. Se vigilan por tanto el sodio, el potasio, el calcio, el magnesio y el fósforo, así como el estado de hidratación, con una vigilancia mayor en caso de insuficiencia cardíaca, insuficiencia renal, cirrosis, hipertensión o edema pulmonar.