La tigeciclina provoca a menudo trastornos digestivos: las náuseas, los vómitos y la diarrea figuran entre sus efectos más frecuentes. Durante y después del tratamiento, la alimentación ayuda a favorecer el confort digestivo y a mantener la flora intestinal.
Los alimentos fermentados aportan fermentos vivos, con el yogur natural en primera línea. Para nutrir las buenas bacterias del colon, apueste por la fibra de los cereales integrales como la avena y la cebada, y por las legumbres: lentejas, judías, garbanzos. Esta fibra sirve de alimento a la flora y prolonga el trabajo de los fermentos.
Cuando el estómago se revuelve, los alimentos sencillos y suaves pasan mejor: el plátano, el arroz integral, el boniato, la patata. Repartir las comidas y volver a estas bases fáciles de digerir ayuda a mantener el apetito, además de su tratamiento.